
A mí, de pequeña me enseñaron a agradecer y valorar a los demás. Me sale de forma natural.
AGRADECER cada mañana el nuevo día, el sol y la lluvia, la noche y el día, el frío y el calor, la naturaleza, las ventajas de la ciudad…
AGRADECER poder ver, caminar, oír, hablar, en definitiva, VIVIR!.
AGRADECER a las personas que me han querido, que me quieren, que me apoyan, que me ayudan a crecer y mejorar como persona…
AGRADECER cada momento de disfrute: un cine, una salida al campo, una cena con amigos, la sonrisa de mis hijos, un beso, un abrazo…
AGRADECER… siempre SER AGRADECIDO.
Y VALORAR: todo lo bueno del otro. Su sonrisa, su aportación profesional, su escucha, su cariño y un largo etc. que voy descubriendo en cada persona con la que me relaciono en el día a día.
(más…)
Escucha.
Cuando te pido que me escuches
y tú me das consejos,
no has hecho lo que te pedí.
Cuando te pido que me escuches
y tú empiezas a decirme por qué
no debería sentirme así,
estás jugando con mis sentimientos.
Cuando te pido que me escuches
y tú crees que deberías hacer algo
para resolver mis problemas,
me has fallado,
por extraño que parezca.
¡Escucha!
Todo lo que pido es que escuches.
No hables o actúes,
simplemente escucha.
Cuando haces algo por mí que yo
puedo y necesito hacer solo,
contribuyes a mis miedos
e ineptitud.
Y yo puedo hacerlo solo; no soy indefenso.
Puede ser que esté desanimado y vacilante,
pero no indefenso.
En cuando aceptes el simple hecho
de que yo siento lo que siento,
no importa que tal irracional sea,
entonces podré entender
qué hay detrás de este sentimiento irracional.
Y cuando esto esté claro, las respuestas
serán obvias y no necesitaré tus consejos.
Los sentimientos irracionales tienen sentido
cuando encontramos qué hay detrás de ellos.
…
Entonces, por favor, simplemente escucha.
Y si quieres hablar, espera
tu turno – y yo te escucharé.
Escrito por Ralph Roughton – Profesor de psiquiatría Universidad de Atlanta.

En ocasiones, personas bienintencionadas acuden a nosotros iniciando así la conversación…: “no te va a gustar, pero creo que es mejor que sepas lo que XX va diciendo de ti…”.
Pues bien, ya en Grecia, unos 400 años A.C., Sócrates, famoso filósofo por su sabiduría y por el gran respeto que profesaba a todos, nos regaló la siguiente reflexión: